Málaga sigue estando muy verde en dotación de zonas ajardinadas. La explosión de ladrillo y cemento registrada en las últimas décadas no ha ido acompañada de una apuesta decidida por espacios al aire libre que sirvan de esparcimiento a los ciudadanos; un déficit que juega en contra tanto de la sostenibilidad del territorio como de la calidad de vida de los habitantes. Y es que la cuestión no es baladí. Como advierten los ecologistas, los árboles tienen «un elevado valor multifuncional». No sólo vertebran lugares de ocio. Su importancia va mucho más allá. Contribuyen a la regulación del ciclo del agua, protegen las tierras de inundaciones, frenan los procesos de erosión y desertificación, generan oxígeno y ayudan a salvaguardar la biodiversidad de especies de fauna y flora.
Sin embargo, y pese a su importancia, en la paleta del paisaje urbano de Málaga sigue predominando la tonalidad gris. Si bien es cierto que en los últimos años se ha dado un salto considerable, también lo es que el ratio de metros cuadrados de zona verde por habitante -cifrado en 6,3 por el Observatorio de Medio Ambiente Urbano (OMAU)- se mantiene muy por debajo de los 15 m2 recomendados por la Unión Europea, donde la media ronda los 20 m2. (más…)
La investigación gráfica que hay detrás de la obra, con fotografías de 1930, le otorga un alto valor histórico, social y periodístico. La temática se divide en dos bloques principales: ‘Paisajes’, dedicado a la evolución física de las costas; y ‘Ocios/Negocios’, donde se analiza dicha transformación desde el punto de vista más humano. Esta imagen de Benalmádena (Málaga), un pequeño pueblo de casas bajas, de 1960, pertenece al primero de ellos.